Psicopatología del Reto

Los "Retos" toman cada día mas notoriedad a luz de las consecuencias que provocan.
Las familias y la comunidad se ven obligadas a poner el foco en un fenómeno que parece tan incomprensible como peligroso.
 

Artículo redactado por
Por Lic. Fernando Duzdevich, MP:1940

Foto (Gentileza)

Las conductas de riesgo en la pubertad y adolescencia son absolutamente normales y frecuentes, porque encierran en si mismas, el intento infantil de avanzar hacia una independencia que se vera plasmada en lo real mucho mas adelante con la emancipación del hogar.
 
¿A quién desafían, a quién retan los adolescentes cuando llevan a cavo una conducta riesgosa?
 
Concretamente, es un desafío a las normas impuestas, que primeramente fueron, o no, transmitidas en la casa y luego en la escuela o en la sociedad bajo la forma de los códigos del sistema de derecho.
 
¿Existían los retos antes de que las redes sociales los propagaran?
 
Por supuesto que si, a lo largo de la historia, y es bastante común verlo en las películas, los grupos de niños se desafiaban unos a otros a modo de "pruebas de valentía" a realizar acciones peligrosas con la intención de obtener el reconocimiento de sus pares o simplemente de sentir la excitación de obtener un logro en la transgresión de la ley.
 
¿Cuales son sus características?
 
Un reto siempre se da ante los ojos de un otro, de un publico.
En el pasado, se daba dentro de un grupo de amigos (o no tan amigos) y la condición de que este sucediese era la de contar con un testigo que pueda dar fe,  al modo de un “escribano público”, de qué tal hecho había sido concretado.
Hoy en día los retos pueden darse en la soledad del hogar porque ese publico esta detrás de la pantalla de un celular.
 
En los años 50,  en distintas comunidades rurales de la pampa húmeda, los adolescentes realizaban un reto que consistía en acostarse sobre alguna ruta para que el automóvil que circulara por ella, deba detenerse por completo para no arrollarlo.
 
Esto lo hacían ante los ojos de 10 o 15 espectadores, como mucho. Ahora pensemos que hiciesen lo mismo pero ante la mirada de cuatro mil "amigos", que en vivo, desde sus móviles, siguiesen esta “hazaña” sin sentido.
 
¿Es importante la cantidad de personas que lo vean?
 
Por supuesto que sí, y a mayor numero de espectadores, mayor es la excitación de un cuerpo que goza de ser visto, y esta es la clave de este fenómeno que por estos días tanto nos ocupa.
 
Lacan nos describe claramente distintas modalidades del goce, y entre ellas, están dos que se ponen en juego en esta situación:
 
- El goce de ser visto, amplificado tantas veces como espectadores se tenga en ese momento, y tantas veces mas, de acuerdo a la reproducciones y likes que obtenga el video del reto ejecutado (cuestión que en el futuro funcionará a la inversa cuando el individuo se arrepienta de tal acción y la signifique como algo vergonzoso).
 
- El goce de ver, que en este caso en particular nos brinda el combo de la satisfacción garantizada: si triunfa, veo complacido mi deseo por identificación, y si falla, siento el placer al modo del espectador del circo romano, no soy yo a quién el león se ha comido, vivo porque el otro muere y ello me causa placer.
 
¿Son internet y las redes sociales responsables de que los retos se propaguen al modo de un virus contagioso por el aire?
 
En parte sí, ya que las posibilidades de comunicación que estos medios nos proporcionan la posibilidad de difundir información, las buenas ideas, y las malas también.
Y además, porque la cantidad de ojos que miran provocan un intenso goce en el cuerpo de quién ejecuta la acción del reto, que sienta la base para que se desarrolle una carrera por la obtención de mayor gratificación con acciones cada vez mas peligrosas. 
 
¿Cómo evitar que nuestros niños y adolescentes sucumban ante la tentación de ser tristemente celebres por la ejecución de algún reto peligroso?
 
La presencia con palabras de los padres, tutores o cuidadores es el único medicamento indicado para esta circunstancia. Debemos saber qué consumen,  instalarnos las aplicaciones que usan,  ver los videos que miran, preguntar, comentar y controlar el tiempo en el que están expuestos a las  pantallas: antes de los 2 años, cero minutos por día, entre los 2 y los 5 años, 20 minutos máximo, entre los 5 y los 10, dos horas, entre los 10 y los 18, 4 horas (tengamos en cuenta que para esta franja etaria el promedio  actual es de 8 horas).
 
Los retos son solo uno de los efectos negativos a los que las nuevas tecnologías nos exponen, el empobrecimiento intelectual y  los acosadores virtuales representan también graves amenazas para nuestros niños y adolescentes.
Sepamos siempre que la oscura soledad de nuestros niños al brillo de una pantalla se mata con juegos y deportes, amistad real, palabras y afecto.